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Parir en Nochevieja.

  • Foto del escritor: MaMestra
    MaMestra
  • 16 may 2020
  • 5 min de lectura

Actualizado: 9 jul 2020

Acababa de cumplir la semana 38 de embarazo y empezaron las molestias. Pequeños dolores de regla que eran nuevos hasta el momento. Tenía estas pequeñas contracciones una o dos veces al día, sobre todo por la noche. Era normal, la entrada a las fiestas navideñas siempre es algo estresante: cierra trimestre, prepara audiciones y el Concierto de Navidad, la llegada del paje real, decorado, detalles... además de las comidas y cenas con la familia y amigos. En una de estas reuniones navideñas quedo con Amparo, la matrona que me asistirá el parto, mi amiga desde hace muchísimos años, a la que admiro y adoro, y que, aunque no es la matrona que me lleva durante la gestación, lleva dándome consejos, información y clases privadas desde que empezamos la aventura. Le cuento que ya empiezo a sentirme pesada y a tener estas molestias. Ella me mira y me calma diciendo que es normal, y bromeamos sobre los planes de fin de año. Ambas hemos hecho planes muy parecidos a los de un domingo lluvioso por la tarde, por si acaso.



Lunes 30 de diciembre por la noche. Me acuesto pensando en la faena que tengo que hacer el último día del año 2019: Tengo que acabar ya, preciso, de hacer la bolsa para el hospital y hacerme la foto de la semana 39. Durante la noche me despierto y tengo que ir varias veces al baño, me cuesta dormir, estoy intranquila. A las 4.30 de la mañana empiezo a ser consciente, los dolores se repiten cada 10-15 minutos y me noto un poco mojada... mi niña va a ser la más pequeña de la clase y papá va a tener 4 semanas menos de permiso de paternidad de lo que habíamos planeado.

Estoy tranquila, saco la pelota y me pongo a leer las últimas 20 páginas que me quedan de uno de los libros que me ha ayudado a aprender en esta etapa: Parir, de Ibone Olza. Espero a que suene el despertador a las 6 para decirle a papá que hoy seguramente tendremos que usar la contraseña "sicario" si se va a trabajar. Suerte que hoy entra más tarde y podemos ver como se desarrollan las cosas. Le mando un mensaje a Amparo: "Holi! ya hemos amanecido... llámame antes de irte por fi." a las 7 está en casa, hoy tiene fiesta, maravilloso. Me hace un reconocimiento y: -"creo que Emma va a nacer en 2019".


Efectivamente, había roto un poco la bolsa de las aguas. Llevaba ya mucho tiempo de trabajo de parto y este estaba avanzado. No estaba todavía de parto pero como habíamos cambiado de hospital para estar con ella y teníamos que hacer el desplazamiento en coche algo más largo, decidimos, sobre las 12, irnos para allá. Me dieron de comer y con calma, entre contracción y contracción, pude echarme una siesta, hasta que, sobre las 18:00, llegó LA contracción. Eso que dicen que sabes cuándo estás de parto, es verdad. En fin, empecé la fase de dilatación. Es doloroso pero a la vez satisfactorio. Entre contracción y contracción yo notaba mucho cansancio, hasta que empezamos con las inhalaciones de óxido nitroso. Después de la primera, las contracciones dolían, pero entre una y otra no notaba nada, es más, notaba alivio, hasta que en poco tiempo llegaron las ganas de empujar. Las inhalaciones empezaban a dejar de tener efecto y entonces, me metí en la bañera.

La primera sensación fue de calma, descanso, relajación... pero claro, no duró demasiado. Recuerdo que cambiaron la botella de óxido nitroso, pero duró dos inhalaciones, me distraía y no tenía mucho efecto. Empecé a entrar en "el planeta parto", ya que el clima que habíamos creado en la estancia era increíblemente bueno para ello. Fue un momento muy íntimo: Papá fuera de la bañera. Recuerdo haberle mandado callar pero no recuerdo el motivo. Sólo necesitaba notar su presencia, que me cogiera fuerte de la mano. Amparo iba dándome algunas pautas de respiración y de fuerza en los pujos. Lo hacía con una voz delicada y dulce, recordándome en qué punto estábamos y lo que habíamos hablado que tendría que hacer en cada momento. Había otra persona, una compañera matrona, controlando las pulsaciones de Emma. No intervino más que eso y una vez que le susurró algo a Amparo, lo cual favoreció el clima de confianza y seguridad en el que estaba envuelta. Este ambiente silencioso hizo que pudiera escuchar mis propias quejas perfectamente, lo cual necesitaba.

No conté las veces que empujé, pero hubo un momento que pensé que no podía más, que iba a estar allí horas y horas. Empecé a desesperarme, a gritar que no podía... ciertamente pensé que me moría. Pero allí estaban Amparo y papá, casi susurrando que sí, que sí que podía y que lo estaba haciendo genial. En un momento dado Amparo me hizo mirar hacia abajo, veía una parte de su cabeza, y en ese momento me dije: "cuatro empujones más". Así fue, hice de tripas corazón y puse todas mis fuerzas en el siguiente pujo. Aquello ardía. No sin razón lo llaman aro de fuego, y "en ese momento, cuando más ganas tienes de empujar para que salga, hay que parar y respirar. Yo te lo recordaré y tendrás que hacerme caso". Y así lo hizo Amparo. Controlamos la respiración y cuando mi piel dejaba de tirar, volvía a empujar, así tres veces más.


"Cógela, cógela". Todavía me parece increíble que Amparo no metiera la mano en el agua en ningún momento. Cogí a mi pequeña y la puse en mi pecho, apareció una toalla, le secamos la cabecita y dejamos la toalla tapando su cuerpo dentro del agua. Eran las 20:22. Los minutos siguientes están grabados a fuego en mi mente:

Emma miraba hacia arriba, hacia su padre, al que se le escapó alguna lagrimilla mientras nos acariciaba a las dos. Miraba atenta y tranquila, con esos ojos enormes y sus pestañas transparentes. Yo estaba en shock, respirando como podía sin poder apartar la vista de su cara y con la cara mojada de agua y lágrimas. Y Amparo... ella no paraba de llorar. Va a ser verdad que las personas presentes en esta experiencia se impregnan de esa magia hormonal que se desprende en el momento del parto. Estuvimos un rato, hasta que recuperé el aliento, y entonces salimos de la bañera, muy poco a poco, todavía unidas por el cordón umbilical y apoyándonos en dos de las personas más significativas de mi maternidad.


Una vez tumbadas en la cama y después de un rato muy agradable de piel con piel y de intentos de coger el pecho, cuando el cordón dejó de latir, papi hizo el gesto más cuidadoso que ha hecho en su vida. Después, Amparo cogió a su sobrina para pesarla. Fue tan rápido que no recuerdo el momento exacto. Por último, me ayudaron a desprenderme de la bolsa que había protegido a Emma durante 39 semanas y Amparito hizo labores de aguja e hilo, cosiendo un puntito de amor y cariño.

Por fin, nos vamos a la habitación. No vamos solos, vamos cargados con 2,790 kg y 48 cm de felicidad absoluta.


Comentarios


"La infancia es fugaz. Que nuestra obsesión por corregirlas no nos impida disfrutarla." Carlos González

"Quien se atreve a enseñar nunca deja de aprender."  J. Cotton Dana.

"Confía en que los niños y niñas aprenden lo que necesitan aprender, por extraños o absurdos que parezcan sus juegos a los adultos."  Heike Freire.

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