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Bebés y perros, perros y bebés

  • Foto del escritor: MaMestra
    MaMestra
  • 13 sept 2020
  • 7 min de lectura

Hace poco más de 8 meses que nació Emma, pero yo soy mamá desde hace unos 5 años. Mis pequeños cuadrúpedos son miembros de nuestra familia, ahora ya numerosa. Y sí, los considero mis bebés. Mis bombones de caramelo y nata son nuestros compañeros de vida, una vida que ya no concebimos sin ellos.

Berto, mi primer cuadrúpedo peludo, el loquito de la casa, llegó a nuestras vida casi de casualidad. Nos decidimos a adoptar y empezamos a buscar en diferentes protectoras una cachorrita negra, fueron las premisas que acordamos. Encontramos una camada en la perrera que buscaba familia, llamamos para preguntar por una de las perritas, Berta y, el día que fuimos a recogerla, nos dijeron que ella y sus hermanos estaban en cuarentena, que seguramente no saldrían de allí... con todo el disgusto nos fuimos directos a la protectora más cercana y bueno, volvimos a casa con un cachorrito, macho y marrón, que hacía unos días que había llegado y que nos enamoró a primera vista. El proceso de adopción fue un poco raro, en un principio nos dijeron que primero tenía que ser acogida, luego nos dijeron que lo podíamos adoptar sin problemas... pero teníamos tantas ganas de ser una familia de tres, que nos dio igual.

Durante estos cinco años hemos tenido muchas alegrías pero también muchos disgustos con Bertolete. Es un perro extremadamente miedoso, muy ladrador y temperamental. Hemos tenido educadoras, hemos trabajado sus miedos, sus conductas, sus relaciones con otros animales y personas y bueno... no es el animal más equilibrado del mundo, pero hemos llegado a un punto cómodo y estable en la convivencia. Zama vino un par de años después para llenarnos de babitas, pelos y moratones. Es una perra pesada en todos los aspectos: es un tonelete de casi 25 kilos y necesita contacto continuo y permanente. Tampoco es la más equilibrada del reino canino, pero somos felices con ella. Son dos zanguangos grandecitos, ruidosos, activos y que sueltan muuuuuucho pelo.

De esta contextualización exprés se pueden extraer varios puntos:

- vivimos con dos perros mediano-grandes que están un poco loquitos pero que amamos con locura.

- que a veces la lían un poquete con sus escandaleras perrunas y tirones en la calle, y que por eso hacemos un trabajo constante con ellos.

- que Berto tiene muchos traumitas que no sabemos exactamente de donde vienen y que hemos ido descubriendo a medida que nos conocíamos.

- que Zama necesita mucho mimo y contacto humano.


Así que, bueno, en el momento que supe que estaba embarazada, me puse a buscar información y leer mucho sobre bebés y mascotas. Artículos sobre cómo preparar a tu perro para la llegada de un bebé, o qué cambios puedes esperar de un animal cuando llega un nuevo miembro, cómo hacer las presentaciones, qué actitudes o acciones evitar, y un larguísimo etcétera.

Mientras tanto el entorno, preocupadísimo por mi bebé, me deleitaba con lindezas del estilo de “tendrás que deshacerte de ellos”, “le cogerán celos y le morderán”, “la hija de Fulanita tuvo que llevarlo a la perrera porque no podían con el animal”, “¿cómo la dejarás en el suelo si estará lleno de pelos?”, “los primeros meses tendrás que vivir en casa de alguien para q no se le acerquen”...


En fin, lo que hicimos fue hacer caso a las experiencias positivas de otras personas con animales, informarnos mucho sobre qué acciones permitir y cuales evitar, tanto de peludos como de humanos, y en primer lugar llevarlas nosotros a cabo y después “instruir” a nuestro entorno más cercano. Lo primero es tener claro, y hacer ver que no es un problema en absoluto, que en nuestra familia nos rodeamos de pelos, ladridos, lametones, y posibles arañazos o moratones.


PELOS:

Quien tiene animales sabe que es inevitable tener pelos en la ropa, en el cuerpo, en la lavadora, en los muebles... lo que intentamos es limpiar el ambiente lo más frecuentemente posible pero no nos obsesionamos para nada, y menos a medida que van pasando los meses.


LAMETONES:

Emma se ha llevado unos cuantos, y cada vez más. Le lamen las manos, los pies, la cabeza y la cara, sí... es lo normal. Los primeros meses intentábamos que no lo hicieran mucho, pero les hemos dejado siempre acercarse, desde la calma y el cuidado, sin asustarlos o reñirlos cuando la olían o lamían. Era simple, el perro o la perra se acercaba, cuando lo hacía le dábamos la orden: “no, sin chupar”; y acariciábamos diciendo “así muy bien, sin chupar” cuando no lo hacían. Con tranquilidad y sin ponernos histéricos cuando caía lametón en los morros (que los ha habido) y por supuesto, siempre supervisando.


RUIDOS (ladridos y llantos):

Los bebés lloran, los perros ladran y la gente opina, esto son leyes universales que hay que interiorizar lo antes posible para no amargarte la existencia.

Por un lado, Si vivimos con un Berto en casa que ladra cuando oye algún ruido que no le cuadra y con una Zama que llora y aúlla, pues la peque se tendrá que acostumbrar. Intentaremos, desde luego, que no interfiera en su sueño y su descanso, pero al final va a ser su realidad, y tendrá que vivir con ello. Por otro lado, un bebé llora, hace ruidos y se mueve... cosas que despiertan la curiosidad de los perros, porque es una cosa nueva, es algo a lo que no están acostumbrados. Emma ha llorado bien poco, pero cuando lo hacía, Berto sobre todo, se acercaban a ver qué pasaba, al cuco, a los brazos... al principio incluso lloraban ellos y se ponían nerviosos. Ante esto hemos intentado siempre hablarles con tranquilidad, la cogíamos en brazos y -”mira, no pasa nada”- y dejábamos q se acercaran, la bajábamos a su nivel para que pudieran verla, olerla y calmarse. O les decía “ya la cojo, gracias por avisar. Está bien”. Intentando transmitir calma.


Las aproximaciones al bebé se deben permitir, siempre desde el cariño, el respeto, la tranquilidad y la confianza. Si te muestras nervioso, se lo transmites al perro, si le hablas mal, le riñes o lo espantas, asocia experiencias negativas con el bebé, si apartas al bebé con brusquedad, puede incluso considerarlo una presa indefensa... Esto es, a grandes rasgos, un poco de psicología canina que creo q es indispensable conocer. Yo no soy ninguna experta, ni de lejos, pero me ha tocado aprender algunas cosas a la fuerza, por las complicaciones con Berto, y porque quería hacer las cosas bien desde el principio, antes de que naciera mi hija, hasta antes de quedarme embarazada. Considerar la opción de deshacerme de ellos me llenaba de angustia y me ponía extremadamente nerviosa, triste e incluso llena de rabia por el simple hecho de llegar a pensarlo.


También hay límites, como en todas las situaciones educativas. Al final, no dejas de estar educando a tu mascota en su relación con el nuevo miembro de la familia. Nosotros nunca hemos permitido saludar subiendo las patas delanteras encima de la persona, siempre lo hemos corregido. Pues ahora muchísimo más. Y empezamos a marcar espacios, es decir, fuimos progresivamente prohibiendo sofás y camas... esto nos ha costado mucho a todos, tanto que, sí hemos conseguido prohibir las subidas al sofá mientras estamos en casa, pero hemos aguantado solo 6 meses en las restricciones del dormitorio. Zama vuelve a dormir con nosotros (papá, mamá y Emma) a los pies de la cama, eso sí. Berto duerme en la habitación, pero en el suelo. Fresquito. Bajo la cama. Le encanta...


Otro de los aspectos fundamentales es la preparación y la presentación. Lo que nosotros hicimos fue permitir en todo momento la entrada de los perros al cuarto de la nena. Durante el embarazo la puerta estuvo siempre abierta. Cada vez q entraba, tiraba colonia (con la cual sigo rociando cambiador y algún peluchín del cuarto de la peque para que se mantenga el olor) y dejábamos oler los muñecos de la peque. Solo oler, nunca coger con la boca. Cuando preparamos la bolsa del hospital lo mismo, la dejamos en el suelo para que pudieran acercarse a ella. En definitiva, todo muy accesible. Y siempre nombrando a “la nena” o a “Emma” cuando entraban en contacto con algo de ella. Es muy curioso observarlos y ver cómo intuyen que algo nuevo va a pasar. Igual de curioso ver cómo se acercan a la tripita y lo hacen con sumo cuidado...


Mientras estábamos en el hospital, cada perro se fue a casa de una abuela. Y ambas se llevaron algo de ropita de las primeras puestas para enseñárselo y que lo olieran, sin dejar que lo cogieran con la boca.

El día que nos dieron el alta, les dijimos a los yayos que los pasearan un rato largo y los dejaran en casa, juntos. Cuando llegamos, entramos con la nena en el maxicosi y la dejamos en el suelo. Vigilando y supervisando dejamos q se acercaran sin intervenir. Berto la olió y le pegó un par de chupetones. A Zama le costó más, así que cuando Berto ya se había acostumbrado, nos sentamos en el suelo e invitamos a Zama a olerla, llamándola y acariciándola cuando se acercaba tranquila y sin miedo (igual que hacemos cuando conoce a una persona nueva)

Una vez hechas las presentaciones, nos fuimos a pasear los 5. Intentamos ir por un camino donde no nos cruzaramos con nadie y no lo hicimos muy largo. Al salir de casa salimos primero nosotros, los humanos, los tres, y lo mismo al entrar a la vuelta del paseo, como siempre. Aunque ahora con más hincapié en que vieran que el bebé salía y entraba antes que ellos.

Seguimos trabajando con ellos. Ahora ya con los 3. No los dejamos nunca solos. Emma necesita supervisión continua, y nos gusta permanecer en la posición de observadores siempre que nos deja hacerlo. Nos va bien, no ha habido celos, ni sobreprotecciones, ni actitudes de posesión... ni en casa, ni fuera de ella, ni con nosotros ni con gente que no es del núcleo familiar. Zama busca a Emma para jugar, y al revés. Berto pasa un poco más y, aunque algunas veces se acerca a la peque, suele moverse e irse a otro sitio cuando la nota cerca. A Emma le gusta ir a por sus juguetes y a él no le viene bien que gatee tan rápido hacia él. Ahora tenemos tres cuadrúpedos en casa y, parece mentira, pero los perrihermanos mayores tienen muchísimo cuidado de no chafarla, aunque no podemos perderlos de vista, por si a caso.

Y bueno, hemos tenido algún susto leve. Arañazos Involuntarios, movimientos bruscos o ladridos imprevistos que han asustado a la peque, algún sobresalto porque un peludo duerme y de repente nota la presencia de la peque en el lomo, algún tironcillo de oreja o de rabo... pero nada grave, cosas normales de la convivencia entre bebés y perris. De momento el balance es positivo, y esque entre las ventajas de vivir con mascotas, las que más nos gustan son que el contacto con el pelo de animal desde bebé reduce el riesgo de padecer alergias, asma y, sorprendentemente, obesidad, porque la microbiótica se ve modificada. Y además, nos da la posibilidad de crear vínculos de cariño, compañía, lealtad, compromiso, amor y respeto con los animales. Una educación en valores importantísimos para papá y para mí.


Comentarios


"La infancia es fugaz. Que nuestra obsesión por corregirlas no nos impida disfrutarla." Carlos González

"Quien se atreve a enseñar nunca deja de aprender."  J. Cotton Dana.

"Confía en que los niños y niñas aprenden lo que necesitan aprender, por extraños o absurdos que parezcan sus juegos a los adultos."  Heike Freire.

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