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Parir. El poder del parto.

  • Foto del escritor: MaMestra
    MaMestra
  • 19 may 2020
  • 5 min de lectura

La forma de parir es una de las primeras decisiones que toman mamá y papá. Como en todos los aspectos de la maternidad, existe una influencia social importante, y es que, tenemos normalizados ciertos aspectos controvertidos del parto. Por ello, mi consejo es, si se puede, ampliar el conocimiento sobre esta experiencia, más allá de las preparaciones al parto con nuestras matronas.

Al comienzo del tercer mes de embarazo recibí un regalo que me hizo abrir los ojos. El libro de Ibone Olza, "Parir. El poder del parto." Mi visión del parto antes de leerme este libro y documentarme con búsquedas más extensas y aclaraciones que necesitaba, era la que existe en el imaginario colectivo: encontrarme en un hospital, gotero y epidural en el cuerpo, yo tumbada en la camilla cogida de la mano de papá y una sábana sobre las rodillas, esperando la episiotomía de rigor. Siempre había pensado que si la medicina había encontrado una manera de parir sin dolor, era absurdo no usarla. Estaba convencida de que así lo haría, hasta el momento en el que empecé a leer a Olza. La suerte de tener una amiga matrona hizo que tuviera el interés de informarme sobre lo que nos esperaba en el hospital, cosa que no hubiera hecho por voluntad propia.


Suele ser común tener miedo cuando se acerca el momento de parir, y más si es por primera vez. Yo la verdad, siempre estuve muy tranquila, pero hay muchísimas variables que entran en juego. Cada parto es diferente, por eso cada experiencia es única. Es por este motivo que creo que debemos estar bien informadas y concienciadas de qué queremos y cómo lo queremos, siempre que esto no conlleve un riesgo para nuestra salud o la de nuestros bebés. Yo no soy ninguna experta en el tema, por eso hablaré desde mi vivencia, porque creo que hace falta escuchar buenas experiencias de partos poco instrumentalizados, partos sin pinchazos, partos no provocados, poco medicalizados, partos en el agua... en definitiva, partos más naturales y respetados. Podéis leer mi propia experiencia en la entrada "parir en Nochevieja" en esta misma sección del blog.

Que existe una normalización social del hecho de ir al hospital a parir, ponerse en manos del médico y que"nos saque" al bebé, sin cuestionar técnicas, procesos e intervenciones, es una realidad. Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que los profesionales no sepan lo que hacen, pero a veces el querer controlar tantísimas variables, hace que se dificulten los procesos naturales. Creo que es importante pensar que, en este momento tan significativo de la vida de una mujer, es ella quien debe estar en el centro de su propia experiencia. Yo, después de leer y documentarme, quería estarlo, sin duda.


Las conclusiones que extraje me hicieron dudar si quería anestesia o no hasta el mismo momento de encontrarme en la sala de partos, ya que existe una serie de complicaciones que, por lo general, no estamos acostumbradas a escuchar: que se paren las contracciones, que el bebé deje de ayudar, más posibilidad de desgarro al no controlar el pujo en intensidad, momento y duración, hipotensión materna, el riesgo de cesárea de urgencia, uso de instrumentos para ayudar al bebé, etc. En definitiva, más intervención externa.

Introducir hormonas y analgésicos en el cuerpo durante el proceso del parto no es un motivo determinante para que aparezcan las dificultades, pero sí favorece la posibilidad de que surjan. Si no lo hacemos, por tanto, eliminamos dicha posibilidad. Bajo mi punto de vista, es una cuestión de no añadir más variables a las que ya encontramos de manera inherente al parto.


No lo voy a negar, parir duele, y mucho. Papá, cuando ya descansábamos en la habitación, me pidió que le explicara lo que sentí y, haciendo honor a las palabras de Consuelo Ruíz Vélez-Frías "parir es como cagar, un acto fisiológico"; la sensación que más se aproximaba era la de cuando haces una caca muy dura, que notas como si tuviera espinas, pero multiplicado por diez. La mente te dice que no puedes, que de esa no sales, es un dolor increíblemente intenso. Pero si fuera insufrible, no habría mujeres que pasan una segunda, una tercera o incluso más veces por la experiencia.

En el estado mental conocido como "planeta parto", tu cuerpo te pide que empujes, tu cabeza te dice que no puedes, pero lo haces, aunque tienes que controlar la fuerza, porque la elasticidad de la piel es la que es, incluso tienes que respirar y dejar de empujar cuando sientes que hacerlo es una necesidad... en el momento es una locura, pero recordarlo es fascinante, lo prometo.

También es muy importante el ambiente. Consuelo, después de hacer la comparación anterior, lanza una pregunta: "¿quién es capaz de defecar tumbado con las piernas en alto y rodeado de desconocidos?" Así pues, para parir bien se necesita un clima de intimidad, confianza y seguridad. La seguridad que te da un buen profesional que te recuerda los momentos en los que hay que respirar y dejar de empujar, que conoce el proceso y que lo acompaña sin intervenir si no es necesario, guiándote y tranquilizándote. Pero también la seguridad en ti misma y en saber que puedes controlar tu cuerpo en todo momento, respetando el ritmo que marca tu bebé en el parto. Porque una mujer, puede.


Después de todo esto, ¿quiere decir que la decisión que yo tomé es la correcta? para mí sí lo fue, puede que a otra mujer no le funcione igual o le haga tener una mala experiencia. Puede que haya mujeres que piensen que parir es un mero trámite, y que cuanto más rápido pase y menos doloroso sea mejor. No las juzgo, pero para mi es algo más importante. El caso es que seamos capaces de tomar ciertas decisiones desde la información y la capacidad crítica. La maternidad es algo muy serio como para no conocer ciertos aspectos relevantes.

Después de haber pasado por ella, mi experiencia me hace querer decirle a todas las mamis de mi entorno que no hay que tener miedo. Que no hay que renunciar a vivir el parto desde la perspectiva de la protagonista, controlando nuestro cuerpo, sintiendo ese dolor pero también la satisfacción, el orgullo, la pasión y el sentimiento salvaje de haber podido, de haberlo logrado.

Hago mías las palabras Icíar Bollaín: "Parir ha sido la experiencia más intensa, profunda y animal de mi vida. Es cuando me he sentido, no más cerca de la naturaleza, sino parte de ella. Pero sobre todo he sentido una potencia que no sabía que tenía. Una capacidad infinita de desgarrarme, de empujar, de dar. Porque el parto es pura fuerza, pura potencia. Si he sido capaz de sentir que me estoy muriendo, pero he seguido adelante, es que soy capaz de todo."

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"La infancia es fugaz. Que nuestra obsesión por corregirlas no nos impida disfrutarla." Carlos González

"Quien se atreve a enseñar nunca deja de aprender."  J. Cotton Dana.

"Confía en que los niños y niñas aprenden lo que necesitan aprender, por extraños o absurdos que parezcan sus juegos a los adultos."  Heike Freire.

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