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Autocuidarse

  • Foto del escritor: MaMestra
    MaMestra
  • 4 jul 2020
  • 4 min de lectura

Actualizado: 4 jul 2020

La llegada de una personita al mundo es agotadora. De repente hay un bebé demandante de contacto continuo, totalmente dependiente, que llora, a quien todos saben cómo tratar (y cómo no) excepto tú, a quien no conoces todavía... Menos mal que Emma es una pequeña marmota desde el primer día. No quiero ni imaginar mi postparto con muchísimo más sueño... Aún así, es un bebé lapa y sí, duerme mucho, pero si tiene contacto, si no, también se despierta.

Mientras papá disfrutó de su permiso de paternidad, lo llevamos bastante bien. Cuando se incorporó al trabajo, dejamos de ser tres personas a ser una sola, Emma.


Los primero meses de vida de Emma han sido muy intensos: el lento establecimiento de la lactancia, el drama del percentil 3, las presiones por parte del entorno demasiado presentes en muchas ocasiones, adaptarse a los tiempos de un bebé para hacer planes (mientras los pudimos hacer), cambiar de casa... en fin... las dificultades que conlleva convertirse en papis primerizos.

Un bebé absorbe de tal manera, sobre todo los tres primeros meses, que no sabes para qué se usa un reloj y olvidas dónde está el baño de tal forma, que llega la hora de cenar y te das cuenta de que no lo has pisado en todo el día, o puedes pasar días sin tocar el agua de la ducha. Ocupas todo el tiempo, cada instante, a su cuidado, y los momentitos entre las tomas interminables que se solapan, mientras duerme o está en vigilia tranquila, los dedicas a descansar un rato o a adecentar un poco la casa. Esto deja poco tiempo, por no decir ninguno, para dedicárselo a una misma.


Al principio la sensación de que no haces nada en todo el día es un poco desesperante. Además si viene remarcada con preguntas como ¿qué tal hoy? o ¿qué has hecho hoy?. En mi caso, esto acabó el día que lo hablamos papi y yo. Es verdad que no hacía nada, pero en realidad estaba haciendo mucho, y al final, lo que hacía era todo. Entendimos que si me daba tiempo a arreglar una habitación, era suficiente. Que si no ponía una lavadora por la mañana, la pondría por la tarde. Y así, sucesivamente. Sin agobios, sin presiones y sin reproches.


Hace una semanas, la cuenta de Instagram @vivecreceaprende, lanzaba una pregunta. Era algo así como ¿qué haces para autocuidarte después de haber sido mamá?

Al leerla empecé a pensar y reflexionar. Ciertamente no había tenido prácticamente momentos de soledad, y cuando los tenía eran cortos y los dedicaba a actividades como comprar, limpiar, asear alguna habitación... al final, mi día a día estaba lleno de actividades en las que no me ponía yo como foco. Me vi suplicando que me la quitaran de encima. Curiosamente, luego echaba de menos tener un monito entre los brazos.


Pues bien, me sirvió para reflexionar y darme cuenta de que el autocuidado tiene dos vertientes.

La primera es la más física, la más tangible. En la que primero se piensa. Es, por ejemplo, tener media hora para darte un baño, que te hagan un masaje, dejar a la nena al cuidado de los abuelos y salir a pasear, a cenar o de compras, planear un viaje, ir a un spa... Todo esto viene genial de vez en cuando y hace posible el necesario reseteo mental. Sin embargo, creo que es un aspecto superficial y temporal del autocuidado.

La segunda vertiente en cambio, tiene que ver más con la parte emocional. Esta es aún más necesaria que la primera, puesto que la salud mental de una mamá es imprescindible para llevar a cabo una crianza equilibrada. Si tenemos en cuenta esto, autocuidarse es básicamente, disfrutar de cada instante que te brinda tu bebé y ser consciente de que lo estás haciendo.


Yo me autocuido cuando encuentro el punto de comodidad máxima en el momento teta, rodeándome de cojines. Sobre todo en los dos primeros meses. Me autocuido cuando le ofrezco pecho y hace una buena toma, porque me hace sentir que la conozco cada vez más. Me autocuido estando mucho tiempo en el cambiador cantando y jugando, y también cuando se me duerme al brazo y encontramos una posición cómoda para dormir las dos. Pero cuando más me autocuido es cuando no reparo en lo que queda por hacer en casa, cuando me tumbo a su lado a dormir y me pongo una película. Cuando la veo sonreír al ver a papá entrar por la puerta, cuando le gustan los juegos que le preparo o cuando la veo descubrir cositas nuevas.


La llegada de Emma nos ha cambiado la vida. Por esto mismo es necesario también cambiar la visión de ella. Quedarme embarazada ha hecho que modifique la forma de afrontar muchas situaciones. La obligación de ser el modelo correcto a imitar hace que quiera ser la mejor persona que pueda ser, tanto en mi forma de actuar como en mi forma de pensar.

Me gusta pensar que puedo llegar a alcanzar el tópico de darle importancia real a las pequeñas cosas, a las cosas cotidianas verdaderamente significativas.

Una cosa que sé con certeza es que Emma es lo mejor que tengo. Yo he querido que ella esté en mi vida y ahora necesita y demanda mi atención continua. Ella me da la oportunidad de vivir momentos especiales, de descubrir sus logros, me brinda su sonrisa incondicional, elige copiar mis gestos... es cierto que a veces necesito espacio, pero ahora ella también es mi espacio, y es un lugar que me encanta.


Ser la mejor mamá para Emma, procurar su seguridad, disfrutar de su felicidad y ofrecerle tranquilidad, también es autocuidarme.




Comentarios


"La infancia es fugaz. Que nuestra obsesión por corregirlas no nos impida disfrutarla." Carlos González

"Quien se atreve a enseñar nunca deja de aprender."  J. Cotton Dana.

"Confía en que los niños y niñas aprenden lo que necesitan aprender, por extraños o absurdos que parezcan sus juegos a los adultos."  Heike Freire.

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